“Ahora construimos el socialismo”. Informe sobre la revolución venezolana para la sesión de abril del Comité Nacional.

Stuart Munckton

Este informe pretende reafirmar la línea general y las posiciones sobre la fase actual de la revolución bolivariana recogidas en el informe del 12 de febrero adoptado por el Ejecutivo Nacional del DSP. Los acontecimientos posteriores han mostrado que el análisis general, que indicaba la apertura de una nueva fase en la lucha de clases desde las elecciones presidenciales del 3 de diciembre, era correcto. Aquel texto contenía más información sobre algunos de los análisis y formulaciones recogidas en este informe, a los que deberán remitirse los camaradas para complementarlo y desarrollarlo.

El camarada Fred Fuentes, que acudió a Venezuela con la brigada del Primero de Mayo, escribió en la edición del 25 de abril de Green Left Weekly (nº 707): “Al regresar una vez más a Venezuela –tras haber permanecido allí cuatro meses en 2005- recordé una frase repetida constantemente por los venezolanos: ‘cuando reelijamos a Chávez en 2006, comenzará la verdadera revolución’´. Tardé muy poco tiempo en darme cuenta de lo qué querían decir. Llegué en la víspera del quinto aniversario de los hechos históricos que conmovieron a Venezuela los días 11-13 de abril de 2002… Por toda Caracas, podía leerse en pancartas y vallas la consigna que resume lo que sucedió en esos días decisivos: ‘todo 11 tiene su 13 –De la contrarrevolución oligárquica a la revolución cívico-militar’.

“Era imposible eludir el clima de exaltación popular del 13 de abril, viendo a cientos, y luego a miles de personas congregándose frente al palacio presidencial, como hace cinco años, para esperar a su presidente”.

Hablando ante una multitud estimada en un millón de personas, “Chávez llamó al pueblo venezolano a ‘radicalizar´ la revolución, en el sentido del ‘nuevo socialismo del siglo XXI’, lo que fue acogido con aplausos estruendosos y gritos de aprobación”.

Fred explica cómo la consolidación de las conquistas del pueblo trabajador en el interior, por medio de las misiones sociales “para combatir la pobreza y organizar a la población”, junto con una ofensiva internacional que combina la propaganda –ejemplificada en el discurso de Chávez en la ONU- y una serie de acuerdos concretos para promover la lucha contra el imperialismo y por la unidad del Tercer Mundo, sobre todo en Latinoamérica y el Caribe, han servido para fortalecer la revolución.

Dice Fred: “Esto ha permitido un rápido avance de la revolución bolivariana, y ha abierto un período de definición de los objetivos y las líneas de desarrollo del proceso. En el plano económico, anunció Chávez en la concentración del 12 de abril, el gobierno “no se propone erradicar las propiedad privada en Venezuela, en tanto ésta se subordine al interés nacional y al proyecto socialista’. De lo contrario, estará “condenada a desaparecer progresivamente”.

Chávez explicó, sin embargo, que el gobierno dará prioridad al trabajo con “nuevas formas de propiedad, propiedad social… propiedad colectiva… formas de cogestión y autogestión”. Animará “la propiedad social directa o indirecta por medio de las compañías de propiedad social, de producción social, y otros muchos mecanismos que estamos diseñando”.

Fred informa: “Lo más importante, tal vez, es que Chávez afirmó en su discurso del 13 de abril que la revolución llamaba una vez más, al pueblo venezolano, a participar en la formación del nuevo partido socialista unificado. Tras señalar que, hasta la fecha, la revolución ‘no ha contado con auténticos partidos’, se refirió a la construcción del nuevo partido como ‘la mayor necesidad de esta revolución’.”

Nueva fase

Desde el informe al Ejecutivo Nacional del 12 de febrero, la valoración del triunfo de las fuerzas revolucionarias en las elecciones presidenciales y los anuncios posteriores como el inicio de una nueva fase en la lucha de clases, se ha visto confirmada.

El informe señalaba: “La victoria del presidente Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del 3 de diciembre, con un programa explícito de construcción del socialismo, supuso una conquista fundamental de la lucha de clases en Venezuela, y abre el camino a una nueva fase en la lucha por profundizar la revolución de modo decisivo, rompiendo el poder político de una burocracia objetivamente pro-capitalista, y el poder económico de la clase capitalista. Esta victoria no se puede entender en términos puramente electorales, ni tampoco en el marco de un simple enfrentamiento de chavistas contra opositores.”

El informe destacaba que la movilización en los días previos y durante la propia jornada electoral “abre una brecha en el campo chavista donde, tal como insisten en afirmar muchos revolucionarios, no falta el cupo correspondiente de ‘contrarrevolucionarios con boina roja’.” Este dato ha ido adquiriendo cada vez más relieve desde el informe del Ejecutivo Nacional. Este documento apuntaba la importancia de “la revolución dentro de la revolución”, es decir: el desarrollo de las diferencias internas dentro de la revolución, como una expresión de la lucha de clases. Estas diferencias comienzan ahora a mostrarse abiertamente, y el catalizador ha sido la lucha por construir un partido revolucionario unitario, de masas, como arma política para impulsar la revolución y ayudar a dirigir la construcción del socialismo y el poder popular.

Los comentarios de John Riddell contenidos en el informe del Ejecutivo Nacional, y recogidos en un artículo de Socialist Voice del 11 de enero (reeditado en Green Left Weekly el 18 de enero de 2007) acerca del llamamiento postelectoral de Chávez a construir el partido unificado de la revolución, explican el proceso que se está viviendo en la actualidad. Allí se afirmaba: “La perspectiva de un partido de combate, unificado, de las masas venezolanas, inquieta sin duda a los arribistas conservadores que ocupan muchos altos cargos en los partidos políticos pro-Chávez. Para la gente trabajadora, sin embargo, podría ser el instrumento necesario para acabar con el estancamiento actual de la lucha de clases en Venezuela y lanzar una ofensiva decidida contra el poder capitalista.

El informe del EN situaba estos comentarios en su contexto: “Se trata de describir una situación de lucha incompleta por el poder… La lucha de clases, como decía Marx, es una lucha política, y la política es la lucha por el poder. El estado se compone de las instituciones mediante las cuales una clase impone su poder a la sociedad. Acabar con el estancamiento significa resolver de un modo decisivo la cuestión del poder del estado, en favor de los obreros y campesinos.”

El informe señalaba cambios fundamentales desde las elecciones, que mostraban el propósito de profundizar significativamente en la revolución:

En una serie de discursos post-electorales, comenzando por el de la toma de posesión, Chávez insistía en que las elecciones eran un mandato para construir el socialismo, y que esta es ahora una tarea inmediata de la revolución. A este respecto, insistió sobre todo en la necesidad de combatir la burocracia y la corrupción, y “desmantelar el estado burgués”, promoviendo la construcción de un nuevo estado revolucionario, por medio de una “explosión del poder comunal”, y que los consejos comunales serían la institución clave para lograrlo.

Chávez definió los llamados “cinco motores”: en primer lugar, la ley de habilitación, aprobada por la Asamblea Nacional el 31 de enero, que permite a Chávez decretar leyes en una serie de campos que, en su conjunto, permiten la transformación del marco político y económico legal. En otras palabras: crear un marco legal para construir un “nuevo estado revolucionario” y un sistema económico socialista. En segundo lugar, un nuevo sistema educativo, orientado a una revolución “moral y cultural”, basada en principios socialistas. Un tercer motor es la reforma constitucional, para adecuar la constitución a los objetivos explícitamente socialistas de la revolución. El cuarto es la reorganización de la división regional del poder. El quinto es la construcción del “poder comunal” por medio de una expansión masiva de los consejos comunales, 19.000 en la actualidad, con el objetivo de constituir hasta 50.000.

Chávez insistió también en que el gobierno iba a “nacionalizar” las empresas privatizadas para lograr el control estatal de los “sectores estratégicos” de la economía. CANTV y seis compañías eléctricas han sido nacionalizadas desde entonces. Esto refuerza, a la vez, los actuales controles sobre el sistema monetario, que ayudan a prevenir la evasión de capitales y restringen el acceso al dólar norteamericano. CANTV y Caracas Electricity (Electricidad de Caracas) han salido a bolsa en Nueva York, lo que significa que las acciones pueden venderse en los Estados Unidos por dólares USA.

La obligada transformación de los proyectos petrolíferos del Orinoco en empresas conjuntas con una mayoría de capital de PDVSA de al menos el 60%. Chávez ha puesto el 1 de mayo como plazo para que las empresas cumplan estas condiciones, y sólo dos de ellas se resisten. El gobierno dice estar dispuesto a intervenir estas dos compañías si no se someten a su decisión. Esto supone un avance del proceso iniciado el año pasado, cuando otras 32 empresas petrolíferas fueron transferidas a empresas conjuntas con mayoría de PDVSA. Dos compañías se negaron a aceptar esta medida y, en fechas posteriores al informe del EN, el gobierno cumplió su amenaza de intervenirlas.

Entre otros anuncios, se incluye el fin de la autonomía del Banco Central; cambios para asegurar el control pleno del gobierno sobre el conjunto de la industria energética, incluyendo el gas; y llamamientos a reducir los salarios de los cargos públicos a un máximo de 1400 dólares USA mensuales, lo que supondría una significativa reducción de los salarios de los burócratas más destacados.

Impulso a los consejos obreros en empresas públicas y privadas de todo el país. El artículo de Fred en “Green Left” da cuenta de algunas de las discusiones que se producen en el movimiento obrero a propósito de estos consejos y sus funciones. Cita a Marcela Maspero, dirigente de una de las corrientes de la UNT, que los define como: “organizaciones políticas de la clase obrera, basadas en la democracia directa y el control de la producción”.

Deberían orientarse a “erradicar la explotación capitalista y transformar las relaciones de producción, asentando la propiedad socializada de los medios de producción”. Aunque estos consejos apenas han comenzado a aparecer en un puñado de empresas, se está produciendo un intenso debate, tanto en la esfera del gobierno, como entre las bases, acerca de su naturaleza y sus funciones.

Hemos visto al gobierno responder enérgicamente a un nuevo intento de la clase capitalista de sabotear la economía y generar una escasez de alimentos. Esto se produjo en el contexto de una escalada de la inflación, que llegó al 17% en 2006, con un incremento del 2% en enero. Este dato ha sido ampliamente utilizado por los medios burgueses, incluyendo a Peter Costello, para atacar al gobierno de Chávez y acusarlo de destruir la economía. Una parte de la escalada inflacionista se debe a un significativo aumento del consumo, debido en gran medida a la mejora del nivel de vida de los venezolanos más pobres. Según los datos del gobierno, recogidos en un artículo del 14 de marzo de la jefatura de prensa de la Presidencia, el consumo aumentó en 2006 en un 18%, una cifra sin precedentes, y el consumo de alimentos en un 16%. Los mayores incrementos se registraron entre la población más pobre.

La escasez provocada por los capitalistas fue también un intento de romper los controles de precios impuestos por el gobierno sobre los productos básicos, tras la derrota de la huelga patronal de 2003. Tanto los supermercados privados como las cadenas de distribución y transporte afirmaron que era imposible obtener beneficios vendiendo los alimentos a los precios oficiales, lo que fue negado por el gobierno. Los capitalistas han recurrido al acaparamiento y la especulación, vendiendo sus productos ilegalmente en el mercado negro a precios más elevados que los que establecen los controles. El gobierno respondió enérgicamente, y Chávez firmó una serie de decretos para resolver la situación: redujo el IVA sobre los productos básicos, con el objetivo último de eliminar este impuesto definitivamente y compensarlo con un aumento de la presión fiscal sobre los ricos. Se redujeron algunos controles sobre los precios, permitiendo pequeños aumentos. Chávez amenazó con nacionalizar toda empresa que practicase el acaparamiento y la especulación, y al menos una ha sido, efectivamente, expropiada. Además, el gobierno introdujo monedas locales válidas en determinadas zonas, y una nueva moneda nacional, el ‘Bolívar fuerte’, en un intento de combatir la inflación.

Más importante aún fue la organización de los trabajadores para enfrentarse al golpe, y el llamamiento a formar comités de control social organizados a través de los consejos comunales, para ejecutar los decretos y oponerse, de forma directa, al acaparamiento y la especulación. En un artículo del 9 de marzo, publicado en la página web “Rebelión”, el legendario socialista revolucionario Hugo Blanco valoraba positivamente la respuesta del gobierno Chávez a este intento de sabotaje, por contraste con la del gobierno de la Unidad Popular de Chile en una situación parecida, argumentando que el gobierno Chávez parece haber aprendido las lecciones de la derrota del gobierno de Unidad Popular ante un golpe apoyado por los Estados Unidos: en respuesta al ataque de la derecha, el movimiento revolucionario debe responder pasando a la ofensiva. Y añadía: “Otra buena noticia que nos llega de Venezuela: lejos de forzar un retroceso de Chávez, la carestía de productos provocada por los comerciantes acaparadores, ha impulsado al presidente de Venezuela a declarar que si siguen acaparando suministros, los supermercados serán nacionalizados y transferidos a los ‘consejos comunales’ del pueblo”. Ni un paso atrás”.

Los impresionantes resultados hablan por sí mismos: la conspiración fue, en gran medida, sofocada, y esta acción decisiva acarreó conquistas inmediatas en la batalla contra la inflación, que en el mes de marzo registró el nivel más bajo en 19 años, un -0’7%. (La inflación sigue siendo, no obstante, un serio problema, y ha vuelto a aumentar hasta el 1’4% en abril.)

Valorábamos en el informe que esta ofensiva post-electoral supone ahondar en las medidas de transición, y que éstas abren una brecha cada vez más profunda en los derechos de propiedad privada, y van despejando el camino a una economía socializada, de planificación.

Avances continuados

Desde entonces, se ha profundizado en esta trayectoria.

Se han llevado a cabo las nacionalizaciones previstas en el sector del petróleo. El 1 de mayo, miles de trabajadores petroleros participaron en una toma simbólica. La agencia Reuters informó que, en la medianoche del 1 de mayo, los trabajadores que se habían reunido para el acto simbólico de la intervención estatal, “estallaron en un arrebato de alegría, tras las campanadas de Año Nuevo, bailando hasta primeras horas de la mañana, algunos sobre el oleoducto que llega a las instalaciones”. Los trabajadores de PDVSA cambiaron simbólicamente sus cascos azules tradicionales por otros nuevos, de color rojo, mostrando así su apoyo a la revolución. Conoco-Philips es la única empresa que aún no ha aceptado voluntariamente las nuevas condiciones, y el gobierno ha declarado que si persiste en su actitud, será obligada a abandonar el país, y se le negará el derecho a ser socia minoritaria en cualquier proyecto.

El gobierno ha seguido adelante con la reforma agraria, expropiando 16 latifundios ociosos que suman un total de 330.000 hectáreas. Esto indica el comienzo de una ofensiva contra los latifundistas, y se añade al hecho de que la mayor parte de las más de 2 millones de hectáreas de tierra redistribuidas hasta el momento sean de propiedad estatal. Este giro fue alentado por Chávez tras el referéndum de revocación, y se lograron algunas pequeñas conquistas. Sin embargo, hay un intento claro de emprender una nueva ofensiva y aprovechar una serie de victorias recientes que han desplazado la relación de fuerzas en favor de la clase trabajadora.

Tiene especial importancia el llamamiento simultáneo de Chávez a construir “nuevas relaciones sociales” en el campo. “A partir de hoy, pasará a ser lo que siempre debió haber sido: propiedad social y producción social para satisfacer las necesidades del pueblo”. Chávez vinculó este llamamiento a la lucha por la soberanía alimentaria y, al igual que en otros casos de propiedad privada, planteó la cuestión en términos transitorios, es decir: aquellos terratenientes privados que estén dispuestos a gestionar su propiedad de manera productiva, como parte de la lucha por la soberanía alimentaria, no serán expropiados. Este último es un reflejo de los repetidos llamamientos de Chávez en relación con la industria capitalista en general. Chávez anunció también un nuevo plan agrícola basado en “un nuevo modelo de producción asentado en los principios del socialismo agrario y la propiedad social”, incluyendo un subsidio de 200 millones de dólares para sostener la producción de algodón, azúcar, maíz, arroz y sorgo.

Se ha detenido, por decreto presidencial, la expansión de la minería del carbón en territorios indígenas de Zulia. Esto forma parte de la batalla contra la burocracia e indica avances en este terreno. El informe del EN señalaba: “el principal culpable (de permitir la explotación minera) es una institución estatal que trabaja con las multinacionales. Los indígenas protestan, a la vez que expresan su apoyo a Chávez. Esta explotación ecológicamente destructiva de las tierras indígenas viola la constitución bolivariana. Refleja la existencia de una lucha para hacer efectivos ciertos aspectos de la constitución, frente a los intereses imperialistas, apoyados por la burocracia estatal, que aún tienen el poder para impedir su ejecución”. El freno a la minería es una victoria en la batalla contra la burocracia estatal, un nuevo signo de la profundización de la revolución, y del progresivo desplazamiento de la relación de fuerzas en el país a favor de los oprimidos.

Las conquistas sociales, tales como la licenciatura de los primeros médicos de atención integral en los barrios, siguen aumentando. Otro ejemplo es la apertura de la escuela de medicina de Latinoamérica, destinada a formar profesionales de toda la región de acuerdo con este modelo de origen cubano. Se ha anunciado también la apertura de una nueva misión de la vivienda, cuya labor es transformar los barrios y complementar la misión existente, dedicada a construir nuevas viviendas.

La edición de “El Universal” del 23 de abril daba otra muestra de la ofensiva post-electoral: Chávez “anunció que está redactando una resolución –de acuerdo con la ley de habilitación que le asigna poderes especiales- para ‘regular la explotación de clínicas privadas’.” Chávez dijo que “toda clínica que no cumpla la ley será cerrada. Es posible que utilicemos sus instalaciones para dar cobertura al plan de asistencia médica primaria del gobierno “Barrio Adentro” –administrada fundamentalmente por médicos cubanos- o como clínicas populares. Por eso voy a hacer que esta resolución sea aplicable en todo el país. Si hay necesidad de expropiar, la expropiación será ejecutada de inmediato”.

Las conquistas medioambientales han continuado. La primera fase de la Misión Energía Revolución se ha llevado a cabo con éxito, con la sustitución de más de 53 millones de bombillas, en cinco millones de hogares, por bombillas fluorescentes de mayor eficiencia energética y menor impacto medioambiental. A diferencia de la propuesta del “compañero” Malcolm Turnbull para Australia, esta no tiene costes para el usuario. Los elogios a Venezuela del portavoz del Partido Verde de Inglaterra y Gales, Derek Walls, son indicativos del creciente reconocimiento internacional a este aspecto de la revolución. Al igual que en Cuba, se están demostrando en la práctica las conquistas medioambientales que puede lograr un país donde se pretende construir una alternativa anticapitalista a un sistema basado en el beneficio privado.

El 1 de mayo, se anunciaron una serie de medidas a favor de los trabajadores, entre las que se incluye un aumento del 20% en el salario mínimo, que alcanzaría los 286 dólares USA, el mayor de Latinoamérica. Cuando fue elegido Chávez, este salario era de 185 dólares. Además, se está redactando una nueva ley para reducir la semana laboral de 44 a 36 horas de aquí a 2010, hacer obligatoria la provisión de comidas a los trabajadores en empresas de más de 20 empleados, e introducir clases de educación socialista en los centros de trabajo.

Tras las efectuadas el 1 de mayo, Chávez ha amenazado con nuevas nacionalizaciones, que tendrían como objetivo a los bancos privados y a la siderúrgica SIDOR, que fue nacionalizada antes de que Chávez llegase al poder (¿?). Chávez ha afirmado que los bancos que no cumplan las normas del gobierno y no dediquen una parte significativa de sus fondos al desarrollo de la economía venezolana, podrían ser nacionalizados. Criticó a SIDOR por exportar productos siderúrgicos sin antes satisfacer las demandas de la industria venezolana, que está obligada a importarlos, y añadió que su gobierno va a introducir una ley a estos efectos, amenazando con nacionalizar la empresa si se resistía a acatarla. Dado que el socio mayoritario de SIDOR es una empresa argentina, esto abría la posibilidad de un conflicto con el gobierno de Néstor Kirchner. Desde entonces, se ha llegado a un acuerdo con SIDOR para que esta oriente su producción a las necesidades de la industria venezolana; el precio de sus productos para consumo interno se reduciría en un 20% y SIDOR pagaría un precio más elevado por el hierro que compra a la empresa estatal, que antes era subvencionada.

Chávez anunció también la creación y financiación de 49 empresas estatales para el desarrollo de la industria de Venezuela. Estas serán gestionadas en régimen de “unidades de producción social”, que Chávez ha descrito anteriormente como instrumentos para ayudar a construir el socialismo y cuya gestión estará dirigida a satisfacer las necesidades del pueblo venezolano, antes que a generar beneficios.

Chávez sigue promoviendo la radicalización de la revolución, y juega un importante papel en el impulso a la educación socialista. Un ejemplo de ello fue su discurso en “Aló Presidente” del domingo 22 de abril. Chávez recomendó la lectura de “El programa de transición” de León Trotsky, y habló de su contenido, señalando: “Es un folleto breve, de no más de 30 o 40 páginas, pero vale su peso en oro”. Insistió, de manera muy especial, en el problema de la dirección, señalando que el argumento clave de Trotsky era que, al tiempo que las condiciones para la revolución estaban maduras, e incluso comenzaban a pudrirse, faltaba el elemento determinante que era la dirección revolucionaria.

Según Chávez: “Trotsky señalaba algo sumamente importante, decía que (las condiciones para la revolución proletaria) comenzaban a pudrirse, no por causa de los trabajadores, sino por sus direcciones, que no veían, que no sabían, que eran cobardes, que se subordinaban a los mandatos del capitalismo, de las grandes democracias burguesas, de los sindicatos. Se adaptaban al sistema: los grandes partidos comunistas, la Internacional Comunista, se adaptaron al sistema…”

Chávez habló de las condiciones para la revolución en Latinoamérica: “Aquí se dan las condiciones. Creo que este pensamiento o reflexión de Trotsky es útil para el momento que estamos viviendo. Aquí se dan las condiciones -y en Venezuela esto es evidente- para llevar a cabo una auténtica revolución”.

La lucha por un partido revolucionario

Sin embargo, lo más decisivo es la batalla por un nuevo partido unificado, construido desde la base. Se han realizado avances concretos desde el informe del EN, y los debates en torno a este tema lo han colocado en el centro de la revolución. Están concretándose tanto el llamamiento de Chávez a construir el partido desde abajo, como su afirmación de que no puede ser una simple amalgama de los partidos existentes, sino que debe someterse al control democrático de sus miembros. El 19 de abril, Chávez lanzó una nueva fase del proceso, con la toma de juramento de 16.000 “promotores”, cuya labor consiste en acudir a las comunidades pobres y realizar una campaña de reclutamiento. Esta fue la segunda oleada de promotores, y el objetivo es reunir a 70.000 activistas de esta clase para reclutar hasta 5 millones de personas al partido. Más tarde, los miembros del partido elegirán en sus células a los delegados al congreso de fundación, que adoptará un programa. Chávez ha insistido en que no habrá cuotas, ni reparto de puestos entre los partidos y organizaciones existentes. El propio Chávez deberá ser elegido por su célula local como delegado al congreso de fundación.

La cuestión de la ideología y el programa serán objeto de una discusión extensa y de largo alcance. El congreso se reunirá en agosto, y celebrará sus sesiones de modo intermitente hasta diciembre, para que los delegados puedan volver a sus células y proseguir la discusión con todos los miembros.

El 29 de abril, una campaña de reclutamiento de tres días de duración permitió que el PSUV rebasara su objetivo en un 28’5%, alcanzando los 600.000 afiliados, con sólo un 85% del recuento, según un artículo de Venezuelanalysis.com

Tal como dijo Chávez, crear un partido revolucionario es la cuestión más decisiva a la que se enfrenta la revolución. Esta requiere un arma política capaz de unir en torno a un programa a los militantes revolucionarios más activos y conscientes, para dirigir la lucha por el socialismo y concluir la lucha por el poder. La construcción de este partido es esencial para realizar el impulso de profundización radical de la revolución y destruir el sistema capitalista. La lucha por el partido es una parte fundamental de la lucha de clases en el campo chavista, y el debate que ha surgido en torno al partido es una expresión de esa realidad.

La relación de fuerzas en el amplio campo chavista muestra que la iniciativa y el impulso políticos, sobre todo desde la derrota del referéndum de revocación, están del lado del sector revolucionario, en gran medida por el papel de Chávez en la radicalización constante del discurso, y la creciente confianza del pueblo trabajador, animado por el gobierno. Sin embargo, los sectores burocráticos y oportunistas han tenido mucha más fuerza organizativa y arraigo institucional, lo que les ha permitido ralentizar la revolución y poner obstáculos a las medidas progresistas. La hegemonía de Chávez indica que este sector ha sido incapaz de oponerse abiertamente a la dirección de la revolución, ya que su vínculo con Chávez ha sido la clave del mantenimiento de sus puestos dirigentes.

La lucha por crear un nuevo partido democrático de militantes revolucionarios es, sin embargo, un intento de superar esta debilidad del sector revolucionario, y de crear un arma política contra los burócratas. Un número significativo de cargos electos ha pretendido ralentizar la ejecución de medidas revolucionarias, entre ellas la construcción del poder popular, y en sus comentarios informales a su regreso de Venezuela, Fred señala la probabilidad de que muchos de estos cargos no sean reelegidos, como consecuencia de la creciente organización de las bases.

Fred señala también que la lucha por un arma política para acabar con la presencia institucional del sector burocrático no está claramente definida, ya que un conjunto de burócratas del MVR, junto con los burócratas más astutos de otros partidos, van a ingresar en la nueva formación, lo que supone abrir una lucha interna. Chávez insiste en la necesidad de crear un partido de cuadros revolucionarios, y añade que no puede reproducir en su seno la situación anterior, aunque muchos burócratas intentarán que así sea.

Chávez ha explicado cómo el funcionamiento de los principales partidos chavistas ha sido un obstáculo para la revolución, y ha afirmado que, en ocasiones, algunos dirigentes que reunían las condiciones idóneas para ocupar un cargo, no han podido ser elegidos, porque otros partidos exigían un puesto como compensación. El objetivo es acabar con esta situación, dando el máximo control posible a las bases.

Chávez ha vinculado explícitamente la construcción del nuevo partido unificado al desarrollo de la revolución y a la agudización de la lucha de clases, argumentando, el 24 de marzo: “A medida que la revolución se desarrolle y se amplíe, estas contradicciones irán saliendo a la luz. Incluso aquellas que hasta ahora han estado encubiertas, se intensificarán, porque estamos tratando de cuestiones económicas, y no hay nada que le duela más a un capitalista que su cartera.”.

Es la cuestión del partido la que está dando origen a la ruptura, largo tiempo anunciada, entre los sectores revolucionarios y los sectores burocráticos, oportunistas, reformistas, a menudo corruptos y objetivamente pro-capitalistas en el campo gubernamental. Esto dice mucho de la dinámica del proceso.

Hasta ahora, el Movimiento por la Quinta República (el mayor de los partidos pro-chavistas, fundado por el propio Chávez) y un conjunto de partidos menores, han acordado disolverse en la nueva formación. El Frente Francisco de Miranda, que es en sí mismo un intento de construir una organización de cuadros revolucionarios entre la juventud, está desempeñando, por lo visto, un papel fundamental. Tres partidos, sin embargo, se han opuesto hasta ahora a la unificación en el PSUV: Podemos, Patria Para Todos (PPT) y el Partido Comunista de Venezuela (PCV). En ese orden, constituyen los tres mayores partidos del campo chavista tras el MVR, aunque a mucha distancia de este último. Podemos y PPT, en particular, han sido los destinatarios de gran parte de la ira de los activistas de base contra las prácticas oportunistas y burocráticas. Podemos (acrónimo de “Por la Democracia Social”) está considerado como el sector reformista y burocrático más conscientemente organizado del campo chavista.

Chávez, por su parte, no se ha mordido la lengua. Ha atacado enérgicamente a los tres partidos, a la vez que promovía la unidad. Los comentarios de Fred indican un fuerte impulso de la base en favor del partido unificado, lo que genera un clima del que Chávez espera, evidentemente, sacar el máximo provecho. Ha insistido una vez más en que la incorporación al partido es voluntaria, pero que aquellos que no se unan tendrán que abandonar el gobierno y, llegado el caso, remató, unirse a la oposición.

Es especialmente significativo, no obstante, que los ataques más directos se hayan dirigido a Podemos, que mantiene un cierto número de cargos, sobre todo en los consejos locales (ayuntamientos). Por este motivo, la promoción de las nuevas instituciones del poder popular, como los consejos comunales, se interpreta como un ataque a sus intereses específicos. Algunos destacados dirigentes de Podemos, como Ismael García y Didalco Bolívar (gobernador de Aragua), han criticado al nuevo partido, afirmando implícitamente que representa un giro al totalitarismo y a lo que García ha denominado “la línea de pensamiento único”. Es revelador que hayan recibido el apoyo público de la oposición, que ha adoptado la línea de Podemos en favor de “los pobres y oprimidos”, y ha venido a decir: “mirad como trata el malvado Chávez a sus aliados”.

Chávez se les ha tirado al cuello. Ha dicho que, por su parte, los considera ya como unos miembros más de la oposición. Ha respondido a sus afirmaciones en defensa del “socialismo democrático” diciendo que él apoya el socialismo democrático, pero que estos grupos son socialdemócratas y defensores del capitalismo. Ha dicho que no apoyan la consigna de “patria socialista o muerte” y que son contrarrevolucionarios. También ha apoyado públicamente las campañas por la destitución de los gobernadores de Podemos, como Bolívar, y ha llamado a votar en su contra.

Un ejemplo claro del conflicto de clase en ascenso es el movimiento de la fábrica textil Sanitarios Maracay: la empresa ha sido ocupada por los trabajadores, que la mantienen bajo su control a partir de noviembre y han pedido su expropiación. El informe del EN hacía referencia a una manifestación en la que participaron distintos sectores de la UNT, junto con el ministro de trabajo, José Ramón Ribero: este se dirigió a los trabajadores para apoyar sus demandas, y añadió que estaba allí presente con la aprobación explícita de Chávez, que también los apoyaba. Los trabajadores se han enfrentado a la burocracia estatal, que no quiere que la empresa sea nacionalizada.

En el estado de Aragua, el gobernador y líder de Podemos, Bolívar, ha lanzado a la policía y la guardia nacional contra los trabajadores, reprimiendo violentamente sus manifestaciones y arrestando a los participantes.

El PCV parece ser un caso distinto. A diferencia de Podemos, ha desempeñado un papel generalmente positivo en el movimiento revolucionario de base, sobre todo en la construcción del poder popular. Fue un ministro del PCV, David Velásquez, hoy ministro del poder popular, quien redactó la ley de consejos comunales, y fueron diputados del PCV los que introdujeron la legislación para crear los consejos obreros.

Sin embargo, las posiciones públicas del PCV y su negativa a incorporarse al partido unificado, revelan la misma dinámica fundamental. Sus explicaciones tienen un sesgo derechista, y se apoyan en la teoría estalinista de la revolución en dos etapas en los países subdesarrollados. En el documento público que salió de su congreso de marzo, y en el que se fijaba la posición contraria a incorporarse al nuevo partido, el PCV argumentaba que la revolución se encuentra en la fase de la liberación nacional, y que no es aún socialista. Apoya, por tanto, un “frente” de todos los grupos, representantes de distintas clases sociales, y entre ellas la “burguesía progresista”, dispuestas a defender a Venezuela frente al imperialismo. De ahí se deriva la conclusión sectaria de que la clase obrera estaría representada en la alianza por el propio PCV, como legítimo partido marxista-leninista.

Esta línea entra en contradicción con la actual etapa de la revolución venezolana, en la que se ha abierto claramente la vía socialista, y en la que Chávez insiste constantemente en que la construcción del socialismo es la tarea inmediata de la revolución. De hecho, el mismo documento afirma que la tarea prioritaria de la revolución es “destruir el estado capitalista” y “transferir el poder al pueblo”. Apoya, asimismo, las nacionalizaciones, y propone su extensión a otros sectores clave de la economía. Es posible que esto sea un reflejo de sus diferencias y contradicciones internas.

Según Fred, hay discrepancias en el PCV a propósito de esta línea, que incluye la prohibición de la doble militancia. Fred señala que son, generalmente, los integrantes de los movimientos sociales y el gobierno los que más apoyan al nuevo partido, mientras que la oposición más dura se encuentra en el aparato del PCV.

Es importante que entendamos la posición del PCV a la hora de abordar nuestro trabajo con otros miembros del movimiento de solidaridad, y sobre todo con el Partido Comunista de Australia, que parece dar prioridad a su relación con el PCV. Es posible que el PCA se enganche al carro equivocado, y sufra graves consecuencias. Pase lo que pase en la lucha interna del PSUV, es muy probable que, a menos que cambie de planteamientos, el PCV se encuentre a finales de año en una situación muy precaria.

Fred informa que los tres partidos están pagando un alto precio por su oposición, y que la gente abandona Podemos y PPT en masa. El anterior ministro de educación de PPT ha dimitido, al igual que Ali Rodríguez, actual embajador en Cuba y anterior responsable de PDVSA tras la derrota de la huelga patronal.

Hay un debate interno en el PCV, y una declaración de apoyo al PSUV firmada por 14 miembros de un Comité Central de 41. Bajo la consigna de “Ahora o Nunca”, los firmantes afirman que el impulso hacia un nuevo partido para el socialismo contribuye a realizar los objetivos históricos del PCV, y que si este vuelve la espalda al nuevo partido, estará sacrificando la revolución actual a una revolución futura e hipotética. Aún no han abandonado el PCV, pero a menos que este partido cambie de posición, su ruptura parece ser sólo cuestión de tiempo, ya que la doble militancia está prohibida. Parece también que David Velásquez, ministro del poder popular, ha salido ya del PCV, o está a punto de hacerlo, dado que tiene un cargo oficial en el comité responsable de la formación del nuevo partido.

Hay que entender el nuevo partido en relación con la lucha por el poder popular. Uno y otra están ligados al esfuerzo de construcción del socialismo, y su contenido revolucionario deriva de su función como herramientas para ese fin. Los consejos comunales, y los consejos obreros que se promueven, están orientados a las grandes masas, mientras que el nuevo partido pretende unir a la vanguardia, aunque de un modo muy amplio. La lucha por construir el poder popular es importante tanto para crear la fuerza social capaz de sustituir a la clase capitalista y la burocracia estatal en la dirección de la economía y el estado, como para suministrar las medidas institucionales necesarias para hacerlo. Es otras palabras: el único modo de crear en el pueblo trabajador una fuerza social capaz de gobernar el país, es proporcionando al pueblo la experiencia del gobierno, acompañándolo en esa experiencia y transformándolo por medio de lo que Marx denominaba “actividad revolucionaria”.

La dirección, sin embargo, entiende con claridad y repite constantemente, que esto no basta. Se requiere una campaña ideológica consciente para transformar las conciencias, y por ello, uno de los motores del proceso es la educación socialista. Aquí es donde entra en juego el nuevo partido, y el proyecto de discutir ampliamente su ideología y su programa. Esta es la lucha por un partido leninista.

La nueva fase de la revolución, la construcción del socialismo, requiere avanzar en los dos frentes para hacerse realidad. En la emisión de Aló Presidente en la que habló del Programa de Transición, Chávez lo explicaba de la siguiente forma, comentando favorablemente la observación de Trotsky según la cual el problema decisivo de la clase obrera es su dirección: “Hablemos de la dirección… Por eso insisto tanto en la necesidad de un partido: porque no hemos tenido una dirección revolucionaria a la altura del momento que vivimos, orientada en función de una estrategia… unida, como dijo Vladimir Ilich Lenin, como una maquinaria capaz de articular millones de voluntades en una sola. Esto es indispensable para llevar a cabo una revolución, de lo contrario se pierde, como los ríos cuando se desbordan”.

Las luchas conjuntas por el poder popular y el partido revolucionario son cruciales para resolver lo que el informe del EN consideraba “una lucha incompleta por el poder”. El informe señalaba: “La lucha de clases, como dijo Marx, es una lucha política, y la política es la lucha por el poder. El estado se compone de instituciones por medio de las cuales el poder de una clase se impone a la sociedad”. El informe constataba que la nueva fase abierta por Chávez tras las elecciones está dirigida a “resolver esta lucha a favor de los obreros y campesinos”.

Medidas de transición

El informe del EN señalaba que “la lucha para ejecutar las medidas económicas crea el marco para la lucha política por la extensión del poder de los trabajadores. Las medidas económicas son medidas de transición, en el sentido que les daba el Programa de Transición escrito por León Trotsky y adoptado por la Cuarta Internacional en 1938. No equivalen, por sí ni en sí mismas, al socialismo, pero son un puente tendido en esa dirección, y un medio para socavar las bases del capitalismo e impulsar la transformación del sistema económico hasta sustituirlo por otro que cubra las necesidades del pueblo trabajador…

“Estas medidas forman parte del proceso de la revolución democrática nacional, ya que permiten que Venezuela refuerce su soberanía económica e impulsan la lucha por el desarrollo de la nación, superando el legado de la explotación imperialista. Es innegable, sin embargo, que se ha abierto el camino al socialismo y que estas medidas van más allá de la revolución democrática nacional y son pasos hacia el socialismo…

“Las nacionalizaciones son, por tanto, medidas democráticas y nacionales a la vez que medidas anticapitalistas que favorecen la lucha por el socialismo. Es evidente que estas medidas no parten de cero, sino que se levantan sobre los logros ya obtenidos en esa misma dirección; el más significativo de ellos es el control gubernamental de la industria petrolera PDVSA a comienzos de 2003… Las nuevas medidas van encaminadas a extender el control estatal sobre los ‘centros de mando’ de la economía…

La lucha en curso por el poder

El informe del EN apunta: “Hay una lucha en curso por el poder en Venezuela, y aún está en disputa el control de una serie de instituciones del estado. La tarea consiste en lograr nuevas conquistas en la construcción de un estado revolucionario basado directamente en los obreros y campesinos y representante de sus intereses, y en desmantelar las viejas estructuras estatales que sirven a la clase capitalista.

“Como en el terreno económico, esto no significa empezar desde cero. Un factor determinante, sin el cual el gobierno revolucionario hubiera sido derribado, es la depuración de las fuerzas abiertamente contrarrevolucionarias del ejército tras el golpe frustrado de abril 2002, y la transformación de las fuerzas armadas en un instrumento para la defensa de los intereses de los obreros y campesinos a través de la ‘alianza cívico-militar’…”

Esta fuerza armada de la revolución está siendo complementada por la expansión significativa de las guardias territoriales y las fuerzas de reserva, organizadas explícitamente como un medio de “armar al pueblo”, y promovidas también por los consejos comunales. Como parte de la nueva fase, hay un intento de profundizar la transformación de las fuerzas armadas, y Chávez ha declarado, tras las elecciones, que las fuerzas armadas deben ser una herramienta para construir el socialismo, y que los oficiales deben apoyar el socialismo o retirarse. “El Universal” informaba, el 23 de abril, que Chávez “había planteado una vez más que ‘las fuerzas armadas son un instrumento político’, y que tienen la última palabra en el destino del pueblo. ‘Las fuerzas armadas tienen la obligación de apoyar la decisión de la mayoría, y aquí la mayoría ha optado por el socialismo. Las fuerzas armadas no tienen otra alternativa que apoyar la decisión legítima y constitucional del pueblo’.”

Se dice que, en los días previos a las elecciones, Chávez mantuvo una reunión con los altos mandos en las que les habló abiertamente y por vez primera, del socialismo, mientras que en sus anteriores llamamientos a los oficiales, se refería preferentemente al nacionalismo y el anti-imperialismo. En esta ocasión, vistió por vez primera una camiseta roja, en lugar del uniforme del ejército. Esta campaña, combinada con el papel de los consejos comunales, es el marco para organizar a los pobres como fuerza armada, y es determinante para profundizar en la transformación de las fuerzas armadas en una herramienta de la revolución socialista.

No obstante, y al contrario de lo que afirma la camarada Marce Cameron en su aportación “State and Revolution in Venezuela” de The Activist, donde afirmaba que la toma del poder ya se ha producido, la cuestión del poder estatal no está resuelta todavía. La posición de Marce en ese documento no coincide con la línea general adoptada previamente por el DSP, ni tampoco con el informe del 12 de febrero.

En el 22º Congreso del DSP de enero de 2006, el informe presentado por la camarada Kerryn Williams, “Imperialist crisis and the advancing Venezuelan revolution” (La crisis imperialista y el avance de la revolución venezolana. The Activist, vol. 16, nº 1), adoptado unánimemente por los delegados al congreso, indicaba cuáles eran las instituciones no controladas por la revolución: “la judicatura, la policía y una gran parte de la burocracia del estado” (The Activist, vol. 16, nº 1, p.7), y señalaba que aún se produce una batalla por el control de estas instituciones. Las estructuras heredadas, que dirigen la administración actual del estado, siguen dominadas por una burocracia corrupta y objetivamente contrarrevolucionaria que ralentiza o sabotea la ejecución de medidas revolucionarias. En la película de “Global Women’s Strike”, Journey with the Revolution, realizada en torno a las fechas del Foro Social Mundial de Caracas de enero de 2006, un asesor internacional de Chávez afirmaba que un 75% de la burocracia del estado es hostil y desempeña un papel negativo. El informe del EN contenía algunos ejemplos concretos.

Chávez explicó en una entrevista publicada en la edición del 26 de septiembre de 2006 de Green Left Weekly, que había una “contrarrevolución burocrática en el interior del estado”. Dijo: “Me paso el tiempo con un látigo, porque a mi alrededor está el enemigo: una burocracia vieja y otra nueva que se resisten al cambio”. Este es el significado de las observaciones posteriores de Chávez acerca de la necesidad de “desmantelar el estado burgués”, y crear “un estado nuevo, revolucionario”. Este punto de vista resume la posición general de un amplio espectro de revolucionarios venezolanos. En Venezuela, se expresa del modo siguiente: “La Cuarta República aún no ha muerto y la Quinta está naciendo todavía”.

Superar esta situación no es un simple problema de legislación gubernamental o de voluntad de la dirección revolucionaria. El objetivo de construir instituciones paralelas (por medio de las misiones) y transformar la economía (con las cooperativas y las empresas cogestionadas) pasa por romper el bloqueo de la vieja burocracia estatal, pero sobre todo porque amplios sectores de la población adquieran experiencia y se organicen para crear las condiciones de una ruptura con el poder de la vieja burocracia.

Hay una poderosa cultura de la pasividad entre los pobres, que tiende a mirar hacia arriba en busca de una solución a los problemas. Aunque hay abundantes muestras de entusiasmo y energía creciente entre la clase obrera, la mayoría de la fuerza laboral sigue desorganizada, y los obreros organizados sufren una crisis de dirección tras la ruptura de la UNT. Dado el peso social específico de los trabajadores en la economía formal, por su papel en la producción, la masa desorganizada de los pobres urbanos ha constituido la base fundamental de la revolución desde sus inicios. Superar este problema es importante para que la revolución pueda avanzar de manera decisiva.

El gobierno está tratando de eliminar este obstáculo por medio de un proceso de “proletarización” de las masas de pobres urbanos, promoviendo cooperativas para organizarlos en la producción social y creando empleos a partir de la expansión de la industria. El crecimiento masivo de las cooperativas, desde las 800 en el momento de la elección de Chávez, hasta las 180.000 actuales, es una parte muy importante de este proceso, y plantea a su vez nuevos problemas. El gobierno afirma que el número de trabajadores en el sector formal ha crecido de menos del 50% al 57%. El desempleo ha caído por debajo del 10%, la cifra más baja en muchos años. Sin embargo, queda aún mucho camino por recorrer, y los problemas del movimiento obrero siguen siendo un obstáculo significativo.

Nuestra posición

No es posible comprender la significación de los postulados y las actuaciones del gobierno tras las elecciones si no se entiende que forman parte de la lucha en curso por el poder del estado. El grado parcial en que los obreros y campesinos han tomado el poder condiciona la naturaleza también parcial de la ejecución de las medidas gubernamentales hasta hoy.

Hemos utilizado la fórmula, adoptada por primera vez en la reunión del Comité Nacional del DSP de noviembre de 2004, de un estado obrero y campesino embrionario. Esto describe una situación en que un gobierno obrero y campesino ha llegado a surgir de las luchas contra el golpe y la huelga patronal. Este gobierno, sin embargo, no flota en el vacío, sino que se sustenta en ciertos apoyos institucionales, sobre todo de las fuerzas armadas, y cada vez más de las nuevas instituciones del poder popular. Aquí es donde cobra sentido el adjetivo “embrionario”, que describe, sencillamente, la combinación de un gobierno revolucionario con una lucha parcial e incompleta por el control del estado en su conjunto.

El informe del EN afirmaba: “Concluir (la lucha por el poder) es la cuestión decisiva a la que se enfrenta la revolución”. Los revolucionarios “aún tienen que resolver lo que Marx denominaba ‘la batalla de la democracia’, aún tienen que elevar a la clase obrera a la condición de clase dirigente”. Argumentaba que “Venezuela no es ni un estado capitalista consolidado ni un estado obrero, sino que se encuentra en un proceso de transición del uno al otro” (TA, vol. 14, nº5, p. 7).

En el Programa del Democratic Socialist Party, en la sección “La democracia y la transición al socialismo” (página 122), se afirma en el tercer punto: “El desmantelamiento del estado capitalista, y en primer lugar de su aparato represivo (fuerzas armadas, policía, sistemas penal y judicial) es un prerrequisito necesario para la conquista del poder político por la clase obrera”. Como analizamos en nuestro último congreso, esto aún está madurando en Venezuela.

No es extraño que, al atacar al gobierno revolucionario, los medios capitalistas destaquen con frecuencia problemas muy reales con la policía, los jueces y el brutal sistema penitenciario, que hasta ahora no han podido reformarse. En respuesta a estas acusaciones, tenemos que ser capaces de explicar las limitaciones del poder del gobierno, que no son más que las limitaciones del poder ejercido por la revolución.

Un gobierno obrero y campesino

Una importante formulación tomada de la tradición marxista, para la cual hay una serie de ejemplos históricos de su despliegue concreto, es la del gobierno obrero y campesino. Fue enunciada por el cuarto congreso de la Internacional Comunista en 1922, como una consigna que llama a la formación de un gobierno “independiente de la burguesía”, formación transitoria en el camino hacia la dictadura del proletariado y el estado socialista. La tarea de tal gobierno consistiría en avanzar lo más rápidamente posible hacia el desmantelamiento del estado capitalista y la transferencia del poder a un nuevo estado obrero. “Este gobierno no es aún la dictadura del proletariado, pero es un importante punto de partida para la conquista de esa dictadura”, argumentan las tesis de la Internacional Comunista.

El modo exacto en que esta lucha se plantea, y el ritmo que vaya a adquirir el proceso de transformación, sólo puede determinarse a través de la lucha concreta. Un ejemplo de este proceso fue la revolución cubana. En nuestra resolución, publicada en 1985 con el título The Cuban Revolution and its Extensión (La revolución cubana y su extensión), señalábamos que hay un período de transición en la revolución cubana, entre la formación de un gobierno independiente de la burguesía, y la consolidación de la dictadura del proletariado. Definíamos tres elementos clave en este proceso. El derrocamiento de Batista creó una situación de doble poder, en este caso entre un gobierno dominado por representantes de la burguesía y el poder armado del ejército revolucionario del Movimiento 26 de julio. La lucha que se desarrolló a propósito de la implantación de la reforma agraria en julio de 1959, creó un gobierno obrero y campesino, descrito como una forma transitoria de poder del estado basada en una alianza del proletariado y los campesinos. Con la extensión de las expropiaciones en octubre de 1960, surge el estado socialista –la plena dictadura del proletariado.

No todos los casos de gobierno obrero y campesino se han saldado con el éxito de la formación de la dictadura del proletariado. En Argelia, el gobierno obrero y campesino de Ben Bella de 1962-65 fue derrotado por el golpe de un sector de la dirección, apoyado en las fuerzas armadas creadas en la lucha contra el colonialismo francés. En este caso, la revolución se estancó, y las tareas de transformar las fuerzas armadas, enfrentarse a la burocracia estatal pro-capitalista, profundizar en la organización de la clase obrera y, ante todo, organizar a la vanguardia en un partido político para dirigir esas luchas, fueron abandonadas por la dirección de Ben Bella, que abrió así el camino a la derrota. Esta fue la conclusión fundamental de la resolución sobre Argelia, adoptada en 1969 por el comité ejecutivo internacional de la Cuarta Internacional (reeditada en el folleto del SWP de los Estados Unidos The Workers and Farmers Government, de 1974, como parte de su serie “Formación para Socialistas”).

Nuestra resolución sobre la revolución cubana contiene otro ejemplo –Granada, donde Maurice Bishop encabezó un gobierno obrero y campesino que duró cuatro años y medio, antes de ser destruido por un golpe contrarrevolucionario (envuelto en retórica seudo-izquierdista) de un sector del gobierno enfrentado a la corriente revolucionaria de Bishop. Debe señalarse que todos estos ejemplos de gobiernos obreros y campesinos se apoyaban en alguna forma de poder militar. Un gobierno obrero y campesino que no tuviese este respaldo sería destruido inmediatamente por la contrarrevolución armada. Sin embargo, la existencia de un gobierno obrero y campesino, apoyado en una fuerza armada que respalda la revolución, no es lo mismo que la dictadura del proletariado, sino una forma transitoria que abre la vía hacia este objetivo.

El programa del DSP

¿Qué dice nuestro programa sobre esta cuestión? En el apartado “La democracia y la lucha por el poder obrero” (Program of the DSP, p.124), se enumeran una serie de ejes en la lucha para derribar el estado burgués y crear un estado obrero que establezca el socialismo. Entre ellos figuran los siguientes:

“7. El primer paso cualitativo en el establecimiento del poder democrático de la clase obrera es la sustitución revolucionaria del gobierno capitalista por un gobierno del pueblo trabajador basado en los soviets y otros órganos de la lucha revolucionaria de masas.

8. Este gobierno se sitúa a la cabeza de un turbulento proceso de transición, durante el cual la clase capitalista retiene ventajas significativas. A menos que actúe decididamente para consolidar los órganos de la lucha revolucionaria de masas como nuevas instituciones del poder del estado, es decir: para reemplazar al estado capitalista debilitado por un estado obrero y organizar a los trabajadores para ejercer el control sobre los capitalistas, los fundamentos revolucionarios del gobierno del pueblo trabajador serán gradualmente socavados. Los capitalistas utilizarán su poder económico para desatar el caos, empujando a sectores crecientes del pueblo trabajador a la desmoralización, la pasividad y la confusión. La erosión del la confianza de las masas en la dirección revolucionaria permitirá a los capitalistas reestablecer su poder político: derribar al gobierno del pueblo trabajador, reestablecer un gobierno capitalista, reconstruir la maquinaria del estado capitalista y desmantelar las conquistas democráticas del ascenso revolucionario.

9. La consolidación del estado obrero y los mecanismos de control obrero sobre los capitalistas permiten a la clase obrera prepararse para comenzar a ‘arrancar a trozos’ la propiedad productiva de la clase capitalista, establecer un monopolio estatal del comercio exterior e introducir una economía planificada.”

Creo que, en términos generales, Venezuela se encuentra aún en el punto 8. La lucha planteada es la de un gobierno obrero y campesino que sigue intentando, no sólo consolidar, sino en algunos casos crear, las nuevas instituciones del poder del estado. La lucha de los obreros para ejercer el control sobre los capitalistas, por ejemplo, identificada tanto en nuestro programa como por la Internacional Comunista en 1922 como una tarea clave de un gobierno obrero y campesino, sigue siendo aún una tarea pendiente.

Una de las correcciones al informe del EN es la que plantea la aportación de Doug Lorimer, que creo aborda correctamente la forma que está tomando la lucha por el control obrero. Como señala Doug, no se distingue entre las distintas formas de la cogestión, que a menudo ha tomado un carácter cooperativista. Ejemplos como el de ALCASA, sin embargo, pueden considerarse como una manifestación de la lucha por el control obrero, y es esta forma de cogestión la que se ha propuesto para industrias estatales como PDVSA.

Merece la pena señalar que la lucha por el control obrero se está convirtiendo en un tema cada vez más candente, a partir de los planes para la formación de consejos obreros y las discusiones sobre el papel de tales consejos en empresas recientemente nacionalizadas. Hay, sin embargo, grandes obstáculos a este avance, ligados a la debilidad del movimiento obrero en Venezuela: gran parte de la clase trabajadora no está siquiera sindicada, y el débil movimiento sindical se ha visto debilitado aún más por la escisión en curso. Esperemos que a la vuelta de los camaradas de la brigada del 1 de mayo, podamos tener una visión más clara de la situación del movimiento sindical, sus desafíos específicos y sus debates internos.

Diferencias

Se ha producido en The Activist algún debate sobre la cuestión del poder del estado en Venezuela: en qué punto se encuentra y cómo medir su evolución. A propósito de la aportación de Marce, quisiera abordar y responder a tres de los puntos que plantea:

Marce presenta una imagen falsa de la lucha en curso por la dictadura del proletariado, y omite que la lucha por la dictadura del proletariado se ha producido históricamente, no en una gran batalla aislada, sino en una serie de ellas, y en un proceso de transición. Marce afirma que “la lucha por el poder estatal es necesariamente breve… La situación revolucionaria –la ocasión excepcional en que la lucha de clases alcanza un nivel de crisis aguda y existe un equilibrio de las fuerzas de clase- ocupa un momento fugaz en la historia, de días o de semanas como mucho, y debe resolverse decisivamente a favor, o de la burguesía, o del proletariado”.

No es así como se ha desarrollado la lucha en Venezuela, ni en otras situaciones históricas, ni es así como se explica en nuestro programa escrito. En el caso de Cuba, por ejemplo, nuestra resolución apunta tres hitos fundamentales en la creación de la dictadura del proletariado: 1. El derrocamiento de Batista y el surgimiento de una situación de doble poder. 2. Las batallas por la reforma agraria que condujeron en julio de 1959 a la creación del gobierno obrero y campesino. 3. La expropiación de la clase capitalista entre agosto y octubre de 1960 y el empuje decisivo hacia la creación de la dictadura del proletariado.

Como señaló el camarada Simon Butler en su respuesta “Para determinar la naturaleza de clase del estado”, Marce presenta también criterios fqalsos para medir la naturaleza de clase del estado. Marce afirma: “La naturaleza de clase del estado se demuestra en el partido que toma el estado en las batallas decisivas de la lucha de clases”. Simon afirma, por el contrario: “Un estado obrero… organiza a la clase trabajadora para un fin concreto, no general: para establecer y defender formas socialistas en las relaciones de propiedad”.

Lo importante en este aspecto no es sólo la existencia de formas de propiedad socialistas, sino más bien la intención de establecerlas. Esto fue lo que determinó nuestro análisis de la naturaleza del estado en China: no esperamos a que las relaciones de propiedad capitalistas fueran dominantes, sino que observamos que el estado se había convertido en una herramienta para introducirlas. Se trataba de una orientación consciente hacia la restauración capitalista. El informe del Comité Nacional presentado por Doug en octubre de 1997 decía: “Mientras que el proceso de restauración capitalista en China aún no ha terminado, hay suficientes datos para que concluyamos que esta es la orientación consciente de aquellos que tienen el poder político en China, y por lo tanto China… es un estado capitalista”.

La cuestión de la conciencia es importante, sobre todo en relación a una lucha inacabada. Necesitamos saber cuál es la trayectoria y en qué dirección se mueve la revolución, y el papel de las instituciones estatales en relación con esta dirección. Cuando Chávez abrió el debate, la cuestión estaba abierta, había una trayectoria muy clara, tanto para nosotros como para Chávez. Esto requiere analizar la cuestión de la conciencia. Aun después de hacer una valoración cualitativa, estamos obligados a investigar, en el mayor grado posible, el problema de la conciencia, porque necesitamos saber hasta qué punto está consolidada, cuáles son los peligros y las debilidades, cuáles los factores que pueden favorecer una reacción o asegurar la continuidad de su avance. Hay suficientes ejemplos en la historia del papel negativo de la conciencia en la caída de las dictaduras del proletariado, como para demostrarnos que la conciencia es absolutamente decisiva para la creación, defensa y extensión del poder de los trabajadores.

Relacionar esta cuestión con Venezuela nos sirve para desvelar la naturaleza dinámica de la lucha por un estado revolucionario consolidado –por la dictadura del proletariado. El programa de la revolución se ha radicalizado crecientemente en el esfuerzo por establecer y defender formas socialistas en las relaciones de propiedad. Tras las elecciones, ha quedado claro que este es el objetivo de la revolución, que cuando decían que necesitaban el “socialismo”, querían decir que necesitaban el socialismo de verdad, el socialismo revolucionario. Que el modo en que se abordó el problema de la industria del petróleo desde que fue tomada por el gobierno obrero y campesino, tiene que generalizarse al conjunto de la economía. La lucha por el poder popular y la construcción de un auténtico partido revolucionario de masas se están produciendo en este contexto: un contexto en el que su desarrollo está explícitamente ligado a la lucha por el socialismo. Y refuerza la lucha por la dictadura del proletariado.

Marce introduce también una metodología potencialmente peligrosa, al decir: “Si acercamos el objetivo, podemos sentirnos abrumados por los detalles, por lo circunstancial, lo particular, y perder la visión de conjunto que, a pesar de sus contradicciones internas, siempre nos permite, mientras tengamos un mínimo de datos, hacer algún tipo de juicio cualitativo”.

Por el contrario: para elaborar un análisis cualitativo, debemos recoger la mayor cantidad de datos e informaciones concretas que nos sea posible. Naturalmente, lo hacemos dentro del marco teórico marxista, para poder realizar una evaluación generalizada del conjunto. Pero si sólo tenemos una pequeña cantidad de datos, cualquier evaluación que hagamos deberá considerarse provisional, en tanto recogemos nuevas informaciones. Cuanta menos información tengamos, mayores son los riesgos de cometer un error, así como de reducir nuestra capacidad para sacar lecciones y valorar la consolidación de la relación de fuerzas actual, y la probabilidad de un avance o de un retroceso.

Conclusión

Debemos reafirmar el concepto de un estado obrero y campesino embrionario. La dictadura de la clase obrera y sus aliados aún se está construyendo. Este es un período inestable y de transición. El uso del término “embrionario” es esencial para comprender la etapa actual de la lucha. Define la existencia de un gobierno obrero y campesino, apoyado en una fuerza armada que ya no es un instrumento en manos del capital, sino que atraviesa un proceso de transformación en un arma consolidada de los obreros y los campesinos. Este gobierno debe avanzar hacia la decisiva construcción de la dictadura del proletariado y de un estado socialista.

Entender las contradicciones de la situación actual es importante, porque es resolviéndolas a favor de la clase obrera como se resolverá, a su vez, la lucha por el poder. Entre la etapa actual y la dictadura del proletariado, sin embargo, hay obstáculos significativos que sólo podrán superarse por medio de la lucha revolucionaria. El más significativo es el papel de la burocracia estatal, en conjunción con el poder económico que aún sigue en manos de la clase capitalista.

La lucha se está desarrollando, cada vez más, en el plano internacional, y hay un impulso consciente para extender la revolución bolivariana, en primer lugar al resto de Latinoamérica y el Caribe, pero también más allá, hasta romper el dominio imperialista sobre el conjunto del Tercer Mundo. Chávez llama a una revolución mundial, que incluye a los propios Estados Unidos, para crear el “socialismo del siglo XXI”. La firma de acuerdos con otros países de la región, con contenidos populares que pretenden desarrollar la industria local para acabar con el dominio imperialista; la expansión de la Alternativa Bolivariana de las Américas; y la lucha por “descontaminar” de neoliberalismo el bloque comercial de MERCOSUR, forman parte del esfuerzo por extender la revolución.

Las conquistas en la unidad política y económica de la región han contribuido a debilitar la capacidad del imperialismo de aislar y agredir a Venezuela, y han creado condiciones más favorables para el avance interno de la revolución. El destino de la revolución venezolana está íntimamente ligado a la lucha contra el imperialismo y las clases capitalistas locales en la región. Teniendo en cuenta la debilidad de la contrarrevolución interna, algunos de los frentes más importantes de la revolución están en países como Bolivia o Ecuador, donde es más fuerte la lucha por un proceso de transformación como el de Venezuela.

El informe del EN señalaba tres desafíos fundamentales en la propia Venezuela: la vieja burocracia estatal, el peso de la burocracia, el oportunismo y la corrupción en los principales partidos chapistas (con los mismos métodos, y a menudo vínculos con la burocracia estatal) y la debilidad de la organización popular, y especialmente del movimiento obrero.

Lo que podemos observar, sin embargo, es una ofensiva muy consciente y decidida, encabezada por Chávez, para superar estas debilidades. Esta ofensiva es la combinación de la lucha por el poder popular, por un partido revolucionario y para conquistar y educar a las masas del pueblo en la ideología socialista revolucionaria. Con el liderazgo de un partido revolucionario de masas, activo en todos los barrios y centros de trabajo, las nuevas instituciones del poder popular tienen la posibilidad de convertirse en “escuelas de democracia” para el pueblo trabajador, que le permitan desarrollar su capacidad de gobernar por medio del ejercicio práctico del poder. Con este poder, puede arrebatarse el control económico de las manos de la clase capitalista.

Todo esto está ligado a la lucha por llevar a la práctica un programa social cada vez más radical, y al llamamiento de Chávez a que la clase obrera tome la dirección. La revolución está acelerando claramente. Se puede decir que están aplicando el pedal proletario al metal bolivariano, y que el destino es el socialismo.

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